Llevo más de 15 años defendiendo que la gestión de las colonias felinas no es una cuestión de voluntarismo, sino de rigor jurídico, ética y política pública eficaz. Hoy tenemos otra prueba irrefutable de que, cuando las administraciones y la sociedad civil se alinean bajo el método CER (Captura, Esterilización y Retorno), el resultado es el equilibrio y la convivencia.
Casos como el de la Urbanización de la Cala de Sant Francesc en Blanes (Girona), resuelto en tan solo 5 años, y ahora el de Camp Roig, en Sant Just Desvern (Barcelona), demuestran que el cierre definitivo es posible. Estas colonias no han desaparecido por medidas traumáticas o traslados forzados, sino por su extinción natural, fruto de décadas de trabajo invisible, constante y responsable.
Un triunfo de la persistencia y la legalidad
Este hito en Camp Roig es el punto final a una trayectoria pionera al ser la primera colonia reconocida por la Diputación de Barcelona. Detrás hay nombres propios, como el de la voluntaria Antonia Regalado, el apoyo técnico y emocional de la Asociación SOS Gats i Gossos y, sobre todo, una administración consciente que ha apostado por implementar el único método reconocido internacionalmente para resolver una situación que a menudo se tilda, erróneamente, de problemática.
Como profesional que asesora en la protección del gato comunitario, estos casos nos dejan lecciones fundamentales:
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La eficacia del método CER: La esterilización sistemática es la única vía avalada para controlar la población sin vulnerar el bienestar animal. Camp Roig y otros son el legado directo y la prueba de que, reduciendo la población de forma estable, protegemos también el equilibrio del ecosistema y la fauna urbana.
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Seguridad jurídica y biodiversidad: Este éxito se ampara en un marco normativo robusto que hace compatibles la Ley 7/2023 de protección animal y la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. El reconocimiento legal del gato comunitario permite que las personas cuidadoras pasen de la invisibilidad a ser agentes de salud pública y colaboradoras en la protección del medio ambiente.
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Gestión basada en criterios técnicos: Siguiendo la Directriz Técnica de la Dirección General de Derechos de los Animales, se ha demostrado que una colonia gestionada reduce los conflictos de convivencia, mejora la salubridad del municipio y minimiza el impacto depredador sobre otras especies autóctonas.
Mirando hacia el futuro
El caso de Camp Roig no es una anécdota; es el modelo de referencia. Nos demuestra que la gestión ética es una inversión a largo plazo que beneficia a toda la comunidad: desde los humanos hasta los demás animales que forman parte de este ecosistema llamado Tierra. Cerrar una colonia de manera natural significa que hemos cumplido nuestro deber de protección y de responsabilidad pública, poniendo fin al ciclo del abandono en aquel punto del territorio.
Gestionar correctamente a nuestros gatos comunitarios es, en esencia, una muestra de civismo y de respeto a la legalidad vigente.